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lunes, 2 de noviembre de 2015

Aprendizaje por observación


Albert Bandura es, probablemente, el psicólogo vivo más influyente, más citado y en general, más reconocido en el mundo actual. Sus investigaciones sobre el aprendizaje social, la teoría social, el aprendizaje vicario o el aprendizaje por modelado son historia de la Psicología.

Efectivamente, sin su figura es difícil comprender cómo el movimiento conductista fue evolucionando hacia el cognitivismo. De hecho, a menudo se le considera el padre del movimiento cognitivista. La explicación es muy simple:

En sus primeros años en Standford, donde todavía colabora a día de hoy con 90 años, estudió sobre todo la agresión en adolescentes. Él, como el resto de conductistas clásicos, pensaban que el ambiente de la persona condicionaba su carácter. Nada interno, "subjetivo", podía condicionarlo. Pero Bandura se terminó desmarcando de esta opinión y abrazó la idea de un Determinismo Recíproco: el ambiente crea el comportamiento, sí, pero también el comportamiento crea el ambiente... lo cual está a un paso del cognitivismo. Y con esto es fácil estar de acuerdo incluso aplicando la Psicología -no científica- del sentido común. Al menos es así si te dedicas al mundo educativo en cualquiera de sus modalidades, pero quizá sea más fácil verlo y/o deducirlo con niños y adolescentes.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El marcador (volumen I)

Si nos fijamos en diversas modalidades deportivas, encontraremos que el marcador es muy diferente en muchas de ellas. Sólo hay que echar un vistazo a los deportes que nos rodean para darnos cuenta de que, en la mayoría, los goals (objetivos) se cuentan acumulativamente, ya sea de uno en uno, de dos en dos o, en ocasiones, en agrupaciones de más tantos (como en rugbi, donde un ensayo vale 5 puntos). Al final del partido, el que ha conseguido más, gana. No hay discusión posible.

Pero esto no siempre es así. También existen deportes de índole internacional, con millones y millones de practicantes, en los cuales no siempre el que mete más puntos es el que termina ganando. Increíble, ¿no? Pues no es tan extraño.

lunes, 15 de abril de 2013

El líder de retroceso

Hay muchas maneras de hacer algo público. Lo más sencillo es escribir lo que piensas y ya está, sin pensar en los demás ni en las consecuencias que puedan tener tus palabras.

Otra opción es calcular estas posibles consecuencias, es decir, prever las reacciones de aquellas personas que puedan sentirse aludidas por tu comunicación, positiva o negativamente, y decidir entonces si realmente merece la pena hacer públicas tus ideas o no. Evidentemente, cuando no te importan las posibles reacciones, la previsión de la que hablo da un poco igual, pero no está de más reflexionar sobre ello un buen rato porque podría ser que se haya pasado algo por alto.

Por supuesto, también existe una tercera opción, que es empezar la casa por el tejado: primero elijo la reacción que quiero de la gente y después maquillo la comunicación primigénea, ya sea falseándola, manipulando todas o alguna de sus partes, dando solamente datos que me benefician, contando verdades a medias y medias verdades... O mintiendo simple y llanamente. Una práctica bastante extendida en diferentes campos, no sólo en política.