
Desde hace ya mucho tiempo que intento que mis juicios, públicos o no, no emerjan solamente de lo que veo u oigo. Muchas veces me han preguntado por lo que pienso durante el periodo de reflexión en el que intento encajar mentalmente los datos que voy recibiendo. Hay gente a la que incluso le molesta que permanezca callado en esos momentos, pero es que me gusta estar seguro de lo que respondo... y cuanto más tiempo tengo para ello, por regla general, más lo estoy.
Cuando simplemente se trata de una opinión, tampoco es algo trascendental: la das, si quieres, y ya está. Además la puedes matizar o condicionar, lo que constituye mi práctica habitual cuando creo que ese periodo de reflexión del que hablaba no ha sido el suficiente (o el conveniente): "Si esto es así, pienso de tal manera; si es de aquella otra forma, pues pienso de este otro modo...". Creo que todo el mundo entenderá a lo que me refiero, aunque mi explicación sea algo tosca.
Al mismo tiempo, cuando de justificaciones se trata, es curioso porque me he sorprendido a mí mismo actuando desde un punto de vista particular: pensando que las personas a las que me dirigía iban a pensar exactamente igual que yo. Obviamente nadie piensa de manera idéntica a otra persona, pero me imaginaba que el proceso por el que pasarían sería semejante al mío... Ahora ya no sé si me explico.