
No obstante, he intentado sacar varios huecos para poco a poco ir desarrollando una idea sobre algo que leí hace días y no veía el momento de expresarme al respecto.
El grado de ilusión en un proyecto es difícil de medir, pero se palpa en el ambiente. Cuando hay ilusión no hay lugar a dudas. De la misma manera, cuando no la hay también.
Después está el tema de cómo ganarse esa ilusión. Esto es fundamental. Cuando a alguien le encomiendan un proyecto y tiene que publicitarlo, exponerlo o darle vida, la forma de "venderlo" o de trabajar en él dirá mucho, a todas luces, de sus directores o gestores. Claramente se verá cuál es su ilusión y cuál no. Por tanto, es un tema para pensar y repensar y no hacer cosas a la ligera. Me da mucho miedo pensar que lo que se haga o se hace para ilusionar sea precisamente lo que más llegue a desilusionar a la mayor parte implicada. Si cierta medida va encaminada a ilusionar a la gente y lo que hace precisamente es replantearse el proyecto de gente que directa o indirectamente participa en él, mal vamos.